La tartamudez es un problema en la fluidez del habla que se caracteriza por la presencia de bloqueos, repeticiones o prolongaciones de sonidos. Todo ello, puede desencadenar esfuerzos musculares asociados como tics, tensión en el cuello, cerrar los ojos, entre otros.

Además, es necesario tener en cuenta la influencia emocional en la vida personal. Muchas veces los niños con tartamudez se cohíben, no hablan, no cuentan, limitando sus palabras a lo justo para comunicarse.

A lo largo del día, los niños se enfrentan a exposiciones orales, preguntas en voz alta, juegos con los compañeros, y a otras muchas situaciones que suelen evitar afectando a su rendimiento escolar, relaciones sociales y autoestima.

Una de las características de la tartamudez es su variabilidad, por eso vemos en los niños que existen períodos de fluidez y otros periodos de disfluencias.

A pesar de lo que se puede pensar, la tartamudez no está originada por factores psicológicos o factores externos, sino que tiene una base neurológica. Existen muchas investigaciones que han demostrado que las personas que tartamudean tienen un funcionamiento diferente en las áreas cerebrales del lenguaje motora y premotora.

Gracias a la plasticidad neuronal, con una intervención logopédica adecuada se pueden establecer nuevas conexiones neuronales en las áreas afectadas y aprender a tener un mejor control del habla.